13.4 C
Cartagena
martes, marzo 5, 2024
EscribiendoEl viento del cambio, de Javier García Moreno

El viento del cambio, de Javier García Moreno

 

Aquel niño lo perdió todo. Desde ese momento, vagó por su pequeño mundo con los pies descalzos, sin un techo donde cobijarse, hambriento, enfermo y triste. Algunos días y algunas noches más hambriento y enfermo que otras, pero siempre triste. Demasiado.

Una de esas miles de bombas que cayeron del cielo acabó con su hogar, con su familia, con sus amigos, con todo ese pequeño y sencillo mundo que conocía. Antes de aquel oscuro día, aunque tuviera poco y su familia fuera muy pobre, lo tenía todo. Ese niño ahora recuerda esas tardes interminables de risas y juegos con sus amigos por las calles o a la orilla del mar, y el amor de su familia, la atención de su hermana de grandes ojos, la que siempre cuidaba de él y lo llevaba de la mano. Y que era feliz antes de que el infierno se desplomara a diario sobre sus cabezas. Un día tras otro. Sin consuelo.

 

Ahora algunos hombres y mujeres, agotados y destrozados, lo abrazaban cuando tenía frío, cuando sentía pesadillas y temblaba de terror y se sentía solo y abandonado en el mundo. Ellos también habían perdido sus escasas posesiones y a los suyos, y vagaban con el alma rota y el corazón hecho pedazos.

 

Pero el pequeño universo para un niño de solo seis años había saltado por los aires. Bajo las ruinas de su hogar que ya no existe, derribado hasta los cimientos, murió toda su familia. Todos sus seres amados. Todo el sentido de su vida.

Publicidad

 

Sin embargo, en aquella sufrida y agonizante tierra, en aquellos campos hacinados de personas que intentaban sobrevivir entre plásticos y miseria al paso de aquel día, aquel niño, en la frontera del sur, miró al cielo y encontró una luz cegadora. De paz y de amor, más allá de los terribles muros que siempre los habían encerrado.

 

Entonces supo que un viento de cambio y esperanza comenzaba a soplar. Lenta pero decididamente fuerte y vigoroso. Un viento que sepultaría a quienes tanto daño y dolor irreparable habían causado a cientos de miles de personas. Y es que el resto de ese mundo que había mirado hacia otro lado durante meses, egoísta e insolidario, hipócrita y miedoso, mientras su pequeño país sufría un incesante y cruel bombardeo y un implacable exterminio, comenzaba a despertar y a abrir los ojos.

 

Aquel niño que había dejado de serlo hacía dos meses, sonrió por primera vez en mucho tiempo.

Los suyos, desde el cielo, le enviaban toda la fuerza para seguir adelante, para que se convirtiera en un pequeño hombre fuerte y valiente. En los niños y las niñas de Gaza, comenzaría todo.

 

© Javier L. García Moreno – Febrero 2024  

Facebook, Instagram: @JavierLGarciaEscritor

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

77 − = 70

Síguenos en redes

7,650FansMe gusta
910SeguidoresSeguir
1,177SeguidoresSeguir
154SuscriptoresSuscribirte

Lo más visto hoy

Ultimas Entradas

Artículos relacionados

- Advertisement -

LO + VISTO ESTA SEMANA